Carta/ Si hubiera hablado con la verdad
Por GRUPO REFORMA
Durante 70 años, a los Gobiernos priístas les habíamos estado pagando los impuestos que, como su nombre lo indica, nos imponía el sistema; nos parecieran adecuados, equitativos, proporcionales o no, no existía alternativa: había que cubrirlos. La promesa sexenal de los diferentes aspirantes a la presidencia (todos priístas), de que si resultaban electos nuestra situación económica mejoraría, no se cumplió nunca.
Cuando surge un candidato de otro partido y nos propone no aumentar los impuestos y aun sin ello mejorar nuestra situación económica, pensamos que era el momento de cambiar el sentido de nuestro voto y creer ahora sí que la promesa se iba a cumplir, sobre todo porque el presupuesto necesario para los programas gubernamentales se conseguiría tan sólo con eliminar la corrupción en Pemex, CFE y demás entidades públicas, así como la existente en el sector central.
Ante la situación de elevar la carga impositiva, sobre todo a las clases más necesitadas, inmediatamente nos preguntamos: ¿por qué hoy tenemos que pagar más impuestos que cuando había un Gobierno corrupto? ¿O no había tanta corrupción? Si el Ejecutivo propone y cabildea al Legislativo y éste aprueba la Reforma Fiscal, ¿quién nos defenderá como pueblo? Porque Pemex ahora pide más presupuesto si ya no hay corrupción y la CFE quiere acudir a la inversión privada.
¿No será que el presupuesto faltante es para los salarios y prestaciones de los altos niveles administrativos creados (Sarukán, Aguilar Zinser, Ruffo, Sojo, etcétera), subsecretarias, voceros y demás? Creemos que de habérsenos dicho la verdad o de haber recordado que las promesas de campaña nunca se cumplen, la votación hubiera sido distinta.
Jorge Domínguez